A diferencia de un aficionado, que puede llevar la misma camiseta durante años, un futbolista profesional de un club grande rara vez repite equipación en dos partidos seguidos. Cada encuentro suele significar una camiseta nueva, aunque el motivo no siempre es que se estropee: el sudor, el roce constante con el césped y sobre todo la costumbre de intercambiarla con un rival al pitido final hacen que el vestuario necesite un flujo constante de equipaciones nuevas.
En números
¿Qué significa esta cifra?
La cifra de 130 camisetas para un club grande sale de sumar los partidos de liga (38 en LaLiga), una media de unos diez partidos de competición europea si el equipo llega lejos en la Champions League, y el resto entre amistosos de pretemporada, gira internacional y las distintas copas nacionales. A eso se añade que muchos jugadores cambian de camiseta también durante el descanso de un mismo partido, o cuando la primera se rompe o se moja en exceso por la lluvia, lo que dispara el número total por encima de los partidos jugados.
En los clubes con menos presupuesto la lógica cambia: la plantilla de equipaciones asignada a cada jugador es más limitada —el caso citado del Rayo Vallecano habla de unas 80 camisetas para toda la temporada, repartidas entre toda la plantilla—, y si un futbolista quiere quedarse con más equipaciones de las asignadas, en ocasiones debe asumir el coste de su bolsillo.
Comparación
Un futbolista de un club grande puede llegar a estrenar más camisetas en una sola temporada que partidos disputados, mientras que en un club modesto varios jugadores comparten el mismo lote reducido de equipaciones durante todo el curso.
Contexto
Buena parte de esas camisetas no acaban en la basura ni en la lavandería del club: los futbolistas las guardan como recuerdo de partidos especiales, las intercambian con rivales al terminar el encuentro —una costumbre muy asentada, sobre todo en competiciones internacionales— o las regalan a aficionados, familiares o causas benéficas. Superestrellas como Neymar han llegado a enmarcar en sus casas camisetas de compañeros y rivales conseguidas a lo largo de su carrera. Esa demanda constante de equipaciones "de repuesto" es, junto al puro desgaste físico, una de las razones por las que el número total de camisetas usadas en una temporada supera con holgura el número de partidos jugados.
Conclusión
No existe un registro oficial público de cuántas camisetas gasta cada futbolista, pero las estimaciones de medios especializados sitúan la cifra de un jugador de un club grande europeo en torno a las 130 camisetas por temporada, frente a las 80 o menos que puede tener disponibles un jugador de un club con menos recursos. La diferencia no está solo en el desgaste físico, sino en cuántos partidos se juegan y cuánta equipación "extra" puede permitirse repartir cada club.
Preguntas frecuentesPrincipalmente por el sudor y la lluvia: una camiseta empapada pesa más y resulta incómoda, así que en el descanso o incluso durante el juego (en las paradas de hidratación) algunos jugadores se cambian de equipación para jugar más cómodos.
No necesariamente. Algunos jugadores llevan a propósito una segunda camiseta sin usar para el intercambio y se quedan con la que han jugado, precisamente para conservar la prenda que vistieron durante el encuentro.
Depende del club. En los grandes clubes europeos el material deportivo, incluidas las camisetas, corre a cargo del club y de su marca patrocinadora. En clubes más modestos, si un jugador quiere más camisetas de las que le asigna el club, puede tener que abonar la diferencia.